Tomar fotos
El día que Benito lanzó su álbum DTMF yo había estado unas noches antes escribiendo sobre lo que significa para mí tomar fotos...
Juro que fue casualidad. El día que Benito lanzó su álbum DTMF yo había estado unas noches antes escribiendo sobre lo que significa para mí tomar fotos. [No que me guste mucho su música, pero quien soy yo para evitar enterarme del acontecimiento y negar lo peculiar de la sincronicidad]
Aclaro, no soy fotógrafa profesional, pero sí que crecí con la pura curiosidad. De niña esculcaba las gavetas del closet de mis padres donde “escondían” lo que a mi juicio era una cámara profesional, de esas que se le levantaba la cajita del flash automáticamente.
En la cama y en pijama jugaba a ser fotógrafa y con el temor de ser descubierta me gustaba imaginar que podía congelar momentos, aunque fuese dentro de las cuatro paredes de una habitación. [Creo que todavía lo hago]
Ojalá mi padre no lea esto, pero cuando me sentía sola, más de una vez cambié cualquier muñeca por jugar con aquellos recipientes cilíndricos que contenían los rollos que permanecían allí por meses, escondidos, rogándole a la suerte por ser revelados. Sé que no lo hacía por rebeldía o desobediencia, pero aún no distingo con claridad si lo hacía por la nostalgia de pensar que nadie vería ese tesoro de instantes capturados o la impaciencia por apreciarlos antes de que pudieran ser revelados.
La primicia de ver la foto en negativo, sin colores ni detalles, sumado al drama de contrastes, me daba un sentimiento de intimidad. Y así creo que comenzó mi relación con las cámaras y por ende, con la fotografía.
Quizá algún lugar recóndito de mi siempre se ha preguntado sobre cómo vemos el mundo, la diversidad de las cosas, la subjetividad de lo “estético”, la perspectiva, sobre la magia escondida entre las dos experiencias: la experiencia del instante mientras es capturado, y la del que vivimos cuando re-visitamos el momento.
Y aún me sigo preguntando: ¿Qué es en realidad tomar fotos?, ¿qué hay más allá?…
¿Ante la cámara o detrás de ella, ¿quienes somos?, ¿nos reconocemos?, ¿somos la misma persona?, ¿quienes somos?…
¿Quién nos dio poder de parar el tiempo? Y si nos perdemos en el, ¿quién nos abraza?, ¿quién nos rescata?…
Entonces en medio de un suspiro me respondo:
Tomar fotos es dejar del momento un legado. Es compromiso y riesgo a la vez, pues no todos los recuerdos nos devuelven su felicidad; también quedan los que nos estremecen el corazón…
Tomar fotos es valorar; es atreverte a congelar un recuerdo para vivirlo dos y tres veces…
Tomar fotos es quizá el acto más valiente en una sociedad que lucha con la dualidad entre vivir el momento presente, o congelarlo por el miedo a olvidar.
Es la respuesta que teme dar nuestra lente cuando el olvido, de frente nos sacude y nos pregunta: En este preciso instante, ¿olvidar es el regalo?, ¿o lo es el riesgo de olvidar?




