Paz con mi cuerpo
"Quiero hacer paz con todas y cada una de mis cicatrices, esas que han quedado en mi piel como tatuajes del alma..."

Quiero hacer paz con mi cuerpo. Quiero mirarlo con ojos de compasión, sin críticas; con la misma calma de un elefante al mirarse en el reflejo de un rio… Quiero hacer paz con mis pies, los que saltan muros, cruzan fronteras, bailan las penas; los que sostienen cada parte de este cuerpo a veces cansado; los que me han traído hasta hoy. Quiero hacer paz con mis manos, las que alguna vez han sido juzgadas por, quizá, no haber tocado lo suficiente, acariciado lo suficiente, escrito lo suficiente… ¿Qué les puedo decir?, aún son ellas las que aquí escriben. Quiero hacer paz con mi sonrisa, pero no con la que ya todos conocen, sino con esa que nombro: «la de la carcajada rota»… aquella que alguna vez el prejuicio obligó a salir para no sentirse rechazada. Quiero hacer paz con mis ojos y con mis pestañas también, por dejar caer mis lagrimas en momentos de ira, de dolor; y aun así, atreverse a volver la mirada hacia el horizonte. Quiero hacer paz con mi cabello, con cada hebra que cae y que insiste en recordarme el ciclo de la vida, de lo maravilloso de nuestra capacidad de mudar, regenerar, de transformarnos mientras así estamos, vivos… Pero sobretodo quiero hacer paz con todas y cada una de mis cicatrices, esas que han quedado en mi piel como tatuajes del alma; esas que han convertido mi cuerpo en esta materia única e irrepetible: capaz de desafiar el tiempo, capaz de sanar heridas, capaz de superar el dolor.


