Mirar atrás
Mirar atrás es saludar al pasado desde el espejo del retrovisor.
Mirar atrás es saludar al pasado desde el espejo del retrovisor.
Miro para recordar de donde vengo, para recordar los aciertos y desaciertos, mayormente esos, que sin mucho buscarlo, me han convertido en lo que ahora soy, que me han traído donde estoy.
También miro para agradecer, contar historias, narrar aquellas que aunque no se cumplieron como pensé, encontraron su manera para hacerme sonreír.
Otras veces miro para tomar impulso y volver a soñar, y recordar que, es desde atrás, desde nuestra raíz, donde nuestro propósito dibuja mejor su trazo.
Me pregunto como se verá desde allá la persona que ahora soy. Si pudiera volver le mostraría algo de mi «yo» de ahora, para que viera que todo por lo que tanto dudó o lloró, muy pronto cobraría sentido.
Mirar atrás, a veces, es encontrarte pronunciando a solas el adiós que alguna vez no supiste cómo decir. Es el mejor espacio para cerrar el ciclo que quizás había quedado abierto.
Aunque muchos me odiarán por decir esto, mirar atrás no siempre es naufragar en lo obscuro e inevitable; es también mirar en retrospectiva para que, en una forma de caricia, toquemos la vida desde una segunda oportunidad…
es como desnudarnos frente al espejo que nos revela un recuerdo distorsionado, o uno que creíamos olvidado, para contemplar posibilidades que antes no vimos, e hilar con delicadeza heridas sin resolver.
Hilar el pasado se ha convertido en la mejor forma de retroceder unos cuantos metros de memoria para ampliar la visión de mi próxima experiencia de vida.
Hilar el pasado es el arte de volver para cambiar elementos de nuestro futuro más cercano: el hoy.


