La delgada línea: LA VIDA
Sobre la que, aferrados y sin preguntarnos, nos han lanzado a caminar.
Detener el tiempo no vale de nada cuando queda lo inevitable:
la huella marcada de nuestro paso,
el a veces oscuro pisotear de la vida,
los agujeros hechos de miedos, de engaños…
Los charcos de duelos formados por lluvias en días de dolor…
Detener el tiempo, verás, tampoco contará jamás para medir el tiempo en el que enteramente hemos decidido amar, porque esa fuerza que nombramos amor siempre será infinita a nuestra vista, a nuestro control y lejana a cualquier objeto de medición que, como humanos necios, nos hayamos empeñado en construir…
Paradójicamente hoy y ahora puedo decir: «El tiempo no existe».
Existe la variable de lo que hacemos sobre una delgada línea llamada Vida, sobre la que sin preguntar nos han lanzado a caminar; y sobre la que desde aquel instante decidimos aferrarnos… y aún dormidos.
Entonces, tambaleantes, solo existimos tú, esa variable y yo.
Y si un golpe de suerte nos acompaña, notarás al final que es ella quien se encarga de sacar nuestras cuentas.


