Por primera vez
Sobre las primeras veces, y cada nueva lección que se aprende desde un corazón roto…
A los 16 años me rompieron el corazón. Mi primer amor no fue como el del cine; mi primer amor fue también mi primera desilusión; mi primer miedo a perder…
Fue el primero de muchos errores. De esos que uno tras otro te arrastran con la inercia de la primera equivocación, de la inocencia rota.
Fue así como aprendí a volar por primera vez, con la esperanza callada, escondida a veces de noche en una gaveta; resumida en las hojas de algún diario donde más de una vez me prometía sentir el viento y aferrarme a él. Por más fuerte que fuera.
Aprendí a hacerlo; aprendí a volar con el viento en todas sus formas: en contra, en círculos, en espiral…
Aprendí a verme dentro del gris torbellino de recuerdos e ilusiones; entre nubes cargadas de escombros nombrados promesas. Recuerdo sobrevivir a aquella tormenta por primer vez una madrugada en casa, y al día siguiente con el mismo amor querer recibir el sol.
Casi veinte años más tarde, por primera vez, me di cuenta de que solo volé en zigzag. Sí, atada y sin moverme volé en zigzag tantas e infinitas veces como ola en el mar, como pez en el cielo.
Entonces descubrí que podemos ser más de una vida en una primera vida…
yo, por ejemplo, fui una bandera.


