Carta a la Luna
Abogada astrífera del firmamento, Diosa de los salvajes valientes que por las noches aúllan, enséñame sobre llorar sin lágrimas, sin dolor. Tú, que vestida de bata blanca a oscuras curas las penas, enséñame sobre sanar el alma por más fuerte que abrace el miedo, por más dentro y fuerte que sienta la marea. Tú, fiel dependiente del Sol, forzada a salir por goce, enséñame sobre sentirte atrapada en la sombra y paciente esperar por ese rayo de luz. Cambiante, creciente, menguante o llena; enséñame sobre mostrarte en todas tus formas aún cuando una nube gris atraviesa, aún cuando parezca tenebroso el paisaje. Tenemos tanto que aprender de ti y tú tanto por enseñar, que de musa vivirás eterna… Triste desilusión para quiénes todavía te definen esclava de la oscuridad, atrapada en el incógnito abismo entre lo que, arbitrarios, llamamos: «día» y «noche»…
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